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Innovación y Sistemas de Innovación

Innovación y Sistemas de Innovación

Dra. Dª Elena Castro Martínez (OTT CSIC CV)
Dr. D. Ignacio Fernández de Lucio (INGENIO, CSIC-UPV)

Valencia, junio de 2001

 INTRODUCCIÓN

La innovación y los procesos innovadores actualmente forman parte de la vida cotidiana de cualquier sociedad desarrollada. Pero no siempre ha sido así. De hecho, el estudio de dichos fenómenos se puede considerar como algo relativamente reciente si lo comparamos con los estudios sobre otras disciplinas económicas. Tan sólo nos podemos remontar a los escritos de los años cuarenta del economista austriaco Joseph A. Schumpeter para encontrar alusiones a los procesos de innovación, referidos como ”los vientos de destrucción creadora”, o a su visión de empresario, más como emprendedor que como gestor.

Los estudiosos de la economía han estado de acuerdo en la importancia del cambio tecnológico como fuente de dinamismo en las economías capitalistas, pero ello ha contrastado con la práctica ausencia de trabajos para profundizar en el conocimiento de este factor hasta hace relativamente poco tiempo. C. Freeman (1998), en un interesante artículo en el que resume las investigaciones que se han llevado a cabo en los últimos años sobre el proceso de innovación, resume algunas de las razones recogidas por los expertos; la más extendida era la de la “caja negra”, según la cual el cambio tecnológico estaba fuera de las competencias de los economistas por su alto componente técnico y, por ello, su estudio debía ser abordado por ingenieros y científicos; con esta creencia de fondo, la tecnología era considerada un factor exógeno de la economía; otra razón para que se haya dado esta circunstancia ha sido la falta de datos cuantitativos y la preocupación por otros aspectos de la economía.

Esta situación comenzó a cambiar en la década de los 80; desde entonces se ha generado una corriente de pensamiento económico con la que ha aflorado una preocupación por estos fenómenos. Ahora, en el inicio del siglo XXI, se puede decir que dicha preocupación ha calado hondo en la sociedad y en los poderes públicos. Todos los organismos internacionales con objetivos más o menos relacionados con el desarrollo económico muestran, entre sus preocupaciones, el estudio de la innovación y de sus ámbitos de incidencia en la economía, las empresas, la sociedad y el porvenir de las naciones.

Esta corriente de estudios, si bien aún puede considerarse incipiente, ya ha recorrido un cierto camino desde que en los años sesenta se caracterizara el proceso de innovación como una sucesión de actividades desde la investigación básica hasta el lanzamiento en el mercado de un producto o proceso innovador (lo que constituye el denominado modelo lineal) hasta las más recientes caracterizaciones del proceso con modelos interactivos (S.J. Kline y N. Rosenberg, 1986), en los que queda puesto de manifiesto que los procesos de innovación, además de complejos, resultan altamente imprevisibles. En estos modelos se resalta la importancia de la empresa en los procesos de innovación y la necesidad de que los diferentes actores que intervienen en los procesos de innovación estén comprometidos, pero además, adquieren relevancia las interacciones entre los mismos, los mecanismos de intercambio y retroalimentación de la información y del stock de conocimientos y, finalmente, las redes que se crean entre los diversos actores en los citados procesos de interacción.

Los modelos interactivos, con un enfoque macroeconómico, se preocupan más por el estudio de las vinculaciones entre innovaciones y cómo determinados contextos favorecen más que otros la aparición de innovaciones. Los intentos por proporcionar respuestas válidas a estas cuestiones han producido una corriente de reflexión cuyo denominador común es el uso del concepto de Sistema Nacional de Innovación[1]. En esta corriente convergen tanto las visiones macroeconómicas sobre el cambio técnico y el desarrollo socioeconómico, como las microeconómicas, más centradas en los análisis de los procesos de innovación. Los Sistemas Nacionales de Innovación constituyen un enfoque apropiado al carácter interactivo, complejo e imprevisible de los procesos innovadores y adicionalmente, permite tener en cuenta la dimensión sociocultural de los mismos y facilita la profundización en las relaciones entre Ciencia, Tecnología, Economía y Sociedad.

El calificativo de “Nacional” para los Sistemas de Innovación tiene como objeto delimitar el espacio circunscrito en el que se deben analizar, por considerarlo con unas características socioculturales específicas. Sin embargo, la dimensión “Regional” parece, aunque el mundo esté cada vez más globalizado e intercomunicado, más adecuada ya que abarca un espacio natural de identidad en lo cultural y de operación y relación en lo socioeconómico más homogéneo, y en el que la innovación puede encontrar su mejor medio de cultivo. Por ello, recientemente se está incidiendo en este espacio en el análisis de los sistemas de innovación[2]. Otro aspecto que está tomando importancia creciente dentro de estos análisis son las relaciones del sistema científico con el entorno socioeconómico, no sólo porque los gobiernos tratan de promover un mayor aprovechamiento social de los esfuerzos destinados a estas actividades, sino porque se ha podido constatar su directa relación con la innovación como comportamiento y por su directa relación con muchas innovaciones de ruptura.

Los Sistemas Nacionales o Regionales de Innovación (SI) constituyen, pues, espacios socioculturales de identidad homogéneos, en los que se produce la creación de riqueza a través de múltiples, diversos, complejos e imprevisibles procesos de emprendimiento, gestión, aprendizaje y creación de nuevos conocimientos. Teniendo en cuenta lo expuesto precedentemente, muchos países y regiones han intentado profundizar en el conocimiento de su propio SI con el propósito de diseñar adecuadamente sus Políticas de Innovación, Ciencia y Tecnología.

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