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Gestión de Calidad e Innovación

Gestión de la Calidad y Gestión de la Innovación

 

Patrocinado por la Dirección General de la PYME y la Fundación Cultural Banesto

Autor: Ernesto de los Reyes López

 

ÍNDICE:

  1. INTRODUCCIÓN. LA NECESIDAD DE LA CALIDAD Y LA INNOVACIÓN EN LA EMPRESA ACTUAL.
  2. LA GESTIÓN DE LA CALIDAD: LAS NORMAS ISO 9000 Y EL MODELO DE EXCELENCIA EMPRESARIAL DE LA EFQM. SU APLICACIÓN EN LAS PYME.
  3. LOS PROCESOS DE INNOVACIÓN Y SU GESTIÓN. EL MODELO DE INNOVACIÓN INTERACTIVO.
  4. LA CULTURA DE LA CALIDAD Y EL ESPÍRITU INNOVADOR. APOYOS MUTUOS Y POTENCIALES CONFLICTOS.
  5. CONCLUSIONES.
  6. BIBLIOGRAFÍA.

 

  1. INTRODUCCIÓN. LA NECESIDAD DE LA CALIDAD Y LA INNOVACIÓN EN LA EMPRESA ACTUAL.

En el entorno de la empresa actual no existen tareas más vitales para la dirección que la garantía de la calidad de sus productos y servicios y su constante innovación. Pocos sectores pueden permitirse el ignorar un entorno de negocios cada vez más global y competitivo, en el que pequeñas diferencias en las prestaciones del producto o en las características del servicio, inclinan las decisiones de los clientes.

En una sociedad donde el coste de la transmisión de la información y los costes transaccionales son muy bajos, se genera un entorno de alta relación. El mercado puede observarse como una compleja red de relaciones a través de la cual el sistema productivo genera valor. Todos los elementos de la red juegan un papel múltiple en el proceso, incluidos los propios clientes que con su “feedback”, explícito o implícito, proporcionan valiosa información para la generación de nuevo valor. En consecuencia, las relaciones entre los elementos de la red son complejas y multidimensionales. El tradicional concepto de cadena de valor no hay que interpretarlo como un sistema lineal sino como un conjunto de agentes altamente complejo en sus relaciones.

En esta red, los elementos menos productivos tienden a ser eliminados del sistema. Cuando esto ocurre es una simple cuestión de plazo que depende de la dinámica del entorno en el que está inmerso ese sistema. No es la cuestión reflexionar sobre si este contexto es o no adecuado; simplemente es el resultado inevitable del devenir de la sociedad y no hay más elección que aceptarlo como un hecho real y diseñar las estrategias empresariales tomando muy en consideración esta situación.

Como consecuencia de esta relación compleja, el sistema se torna muy dinámico y las empresas necesitan de instrumentos para poder operar en él. Esto explica en buena medida la emergencia y desarrollo de nuevas estrategias empresariales.

A comienzos de la década de los 80 el mundo occidental toma conciencia de la capacidad de las empresas japonesas de producir con bajos costes y alta calidad. Las primeras explicaciones apuntan a los bajos cotes salariales y la cultura de supervivencia de ese país. Pero la expansión de estas empresas demuestra que son capaces de alcanzar los mismos resultados operando en países occidentales. Se trata en definitiva de una cuestión de método y cultura. Ésta se desarrolla mediante estrategias y políticas lideradas por la dirección y se refleja en unas actitudes muy orientadas hacia el cliente y sus necesidades manifiestas o implícitas. El método está basado en procesos en bucle cerrado y acumulativos y su manifestación más básica es el ciclo de Deming, conocido como PDCA (plan-do-check-act). Este ciclo, que tiene expresiones mucho más complejas, como veremos en la siguiente sección, es en esencia un proceso de aprendizaje: planificamos nuestras acciones con el conocimiento que poseemos, las realizamos y a continuación cerramos el proceso mediante una evaluación de los resultados que ha proporcionado esa acción, comparándolos con los objetivos propuestos. Esto nos permite sistematizar aquello que funciona bien y buscar alternativas para mejorar aquello que no cumple las expectativas.

Pronto las empresas comprendieron que no bastaba con suministrar productos de buena calidad y precio. Las mejores empresas rodeaban sus productos con buenos plazos de entrega, facilitaban y simplificaban los procesos de pedido, suministro, garantía, financieros, consulta… en definitiva eran capaces de proporcionar un servicio excelente a sus clientes. Nace el concepto de Calidad Total. Se trata de un conjunto de procesos de carácter acumulativo, cuanto más se realizan, mayor capacidad se adquiere para realizarlos de nuevo y la consecuencia es que la organización que los utiliza acelera el ritmo de mejora. En unos casos esta mejora es incremental y está basada en eliminar debilidades o defectos de los productos o servicios, pero en otros casos se produce una ruptura que se logra frecuentemente mediante la incorporación de una nueva tecnología o la sustitución de una por otra nueva. Este fenómeno se conoce como “innovación”. Su ámbito no sólo comprende los productos sino todas las actividades de la empresa. Los procesos, los mercados, la organización…todos están sujetos a cambio y todo cambio exitoso se considera innovación.

Es indudable que las innovaciones no solamente proporcionan mejoras. En general, la solución o mejora de un problema o necesidad lleva aparejado la aparición de efectos secundarios indeseables, que se traducen en nuevos problemas, que a su vez son fuentes potenciales de nuevas innovaciones. En definitiva, aparece otro nuevo proceso en bucle cerrado y también acumulativo que es el ciclo de la innovación.

Aunque inicialmente el énfasis de la innovación se orientó hacia la información, pronto se comprendió que no solamente era necesario disponer de información del mercado y del entorno, sino y sobre todo, saber manejarla de manera inteligente. Lo que subyace, tanto en la gestión de la calidad como de la innovación, es pues el conocimiento.

En este tema se abordan estos temas de forma progresiva, incluyendo un dilema que se plantean muchas empresas: ¿La gestión de la calidad facilita u obstruye la innovación más radical, que suele ser la más productiva para la empresa? Un excesivo enfoque hacia el cliente, ¿inhibe una atención mayor al proceso creativo que requiere la innovación de ruptura? En definitiva, los sistemas de calidad y los procesos de innovación ¿se apoyan mutuamente?

La respuesta, como veremos más adelante es afirmativa, pero requiere de ciertas condiciones que son responsabilidad de la dirección.

 

  1. LA GESTIÓN DE LA CALIDAD: LAS NORMAS ISO 9000 Y EL MODELO DE EXCELENCIA EMPRESARIAL DE LA EFQM. SU APLICACIÓN EN LAS PYME.

Actualmente en el entorno europeo se emplean dos aproximaciones a la gestión de la calidad en la empresa. La derivada de la aplicación de la serie de normas ISO 9000 y el modelo de excelencia empresarial de la Fundación Europea para la Gestión de la Calidad (EFQM).

Después de un periodo de evolución, que ha incrementado su similitud, actualmente ambos contienen muchos elementos de gestión comunes, de manera que en algunas organizaciones se adoptan ambos.

Las Normas ISO 9000 tienen un reconocimiento formal de conformidad, después de un proceso de auditoria periódico, por parte de una organización certificadora. Esto las ha convertido en un estándar reconocido entre las empresas y usuarios lo que hace que en ciertos ámbitos se utilicen como prerrequisito para el suministro de productos o servicios. Por lo tanto, antes de tomar ninguna decisión sobre el sistema a adoptar, la dirección de la empresa debe conocer los requerimientos de calidad habituales en su mercado.

El modelo de excelencia dispone de un sistema de evaluación que proporciona una valoración numérica del nivel alcanzado por la organización en el desarrollo y despliegue del sistema. Esto permite observar la tendencia y ritmo de mejora y la comparación con otras organizaciones.

Ambos sistemas definen un modelo de gestión de los procesos de la empresa y no proporcionan ninguna indicación sobre los requisitos de calidad de los productos o servicios suministrados por la empresa. Estos son objeto de normativas legales o de acuerdos específicos entre cliente y proveedor.

En esta sección se revisan brevemente los principios básicos de ambos sistemas y los factores críticos para su diseño, implantación y desarrollo en una PYME.

 

Los Factores Críticos del Éxito en la Gestión de la Calidad.

Una primera consideración es la tentación que sufren algunos empresarios de pensar que al ser pequeña la empresa, no necesita de un sistema de gestión de la calidad. Este planteamiento deriva de considerar la calidad como algo independiente del producto o de las actividades de la empresa y asociado al tamaño o la capacidad económica de la empresa. En realidad, la gestión de la calidad utiliza herramientas y técnicas, que en el caso de una empresa pequeña puede que no necesiten ser muy sofisticadas, pero lo más importante no son éstas, sino las políticas y estrategias que subyacen y estas últimas deben de estar bien definidas desde el diseño inicial de la empresa, ya que su existencia o no determina que la empresa posea una cultura con mayor o menor orientación a la calidad. La conclusión es que el sistema de calidad debe estar implícito en el diseño del sistema de gestión de la empresa y desde su primera etapa.

La segunda consideración se refiere al hecho de que en algunas organizaciones en el diseño y en sus estrategias se habla de la importancia de la calidad y los clientes, pero la praxis frecuentemente no lo confirma. Esta situación genera desconfianza no sólo en los clientes, sino también en la propia organización, que ven una distancia entre lo que se dice que hay que hacer y lo que realmente se hace. El mejor antídoto para esta situación es el liderazgo de la dirección, exigiendo el cumplimiento de lo escrito y el reconocimiento, premiando los esfuerzos y logros. Es evidente que esto es más fácil decirlo que practicarlo y que el entorno planteará situaciones difíciles que pueden necesitar de excepciones, pero estos casos deben ser tratados como tales y ser objeto de análisis para el aprendizaje.

La siguiente consideración se refiere a la idea, más o menos explícita, de que la calidad es una cuestión de aquellas personas que están en contacto directo con el cliente, los que fabrican el producto o proporcionan el servicio y en general, aquellas personas que participan en los procesos más directos. Naturalmente esta idea debe ser desterrada y la forma más práctica es que toda la organización participe en los objetivos de calidad.

Esto nos conduce a la última consideración. La calidad es un concepto relativo, es un grado. En consecuencia está sujeto a interpretaciones. Lo que para alguien es suficiente para otra persona no lo es, de aquí la necesidad de medir y establecer estándares y objetivos. En algunas organizaciones se habla de la cultura de medir. Tras estas palabras subyace la idea “lo que no se mide no se puede gestionar bien”.

En resumen, el liderazgo de la dirección, el reconocimiento, la participación, las medidas y objetivos, son los factores caves del éxito en la gestión de la calidad.

 

Las Normas ISO 9000

La Gestión de la Calidad se basa en dos grandes objetivos de la empresa: la eficacia o extensión en la que se realizan las actividades planificadas y se alcanzan los resultados planificados, y la eficiencia o relación entre el resultado alcanzado y los recursos empleados. El primer objetivo dota al sistema de gestión de una orientación al cliente mientras que el segundo proporciona una clara orientación a los procesos.

La serie de normas ISO 9000:2000 establece en primer lugar los fundamentos y el vocabulario (norma 9000) para asegurar una interpretación homogénea entre las partes interesadas, los requisitos de la norma se recogen en la 9001 y finalmente, la norma 9004 proporciona directrices a las organizaciones que la adoptan para mejorar el desempeño.

La norma se apoya en el concepto de cadena de suministro y se basa en procesos en bucle cerrado para facilitar el aprendizaje (figura 1).

Los requisitos se detallan en los diferentes capítulos de la norma y se agrupan en cuatro áreas:

Responsabilidad de la Dirección: política, objetivos, planificación, revisión, documentación.

Gestión de Recursos: RRHH, información, ambiente de trabajo, infraestructura.

Realización del Producto y Servicio: clientes, diseño, compras, procesos, calibración.

Medición, Análisis y Mejora: medidas, auditorias, control de no conformidades, mejora.

Éstas se relacionan de acuerdo a un proceso en bucle cerrado que se detalla en la figura 2.

 

La aplicabilidad de la norma se refiere a procesos de la empresa y su principal ventaja, frente al modelo de calidad total de la EFQM, radica en su reconocimiento formal. Su aplicación proporciona procesos robustos y predecibles y estructuras con orientación al cliente y a la mejora.

 

El Modelo de Excelencia de la EFQM.

Se estableció en el ámbito europeo a finales de la década de los 80, después del despliegue de los modelos de calidad total japonés (Deming) y norteamericano (Malcom Baldrige). Se basa en nueve categorías –cinco para los agentes facilitadores y cuatro de resultados- y establece criterios para la evaluación de la definición, desarrollo y despliegue de los mismos en la organización.

La figura 3 describe el diagrama de relación entre los diferentes criterios en los que se organiza el modelo.
Los agentes facilitadores culminan con los procesos de la empresa, que a su vez generan resultados en las propias personas de la empresa, en los clientes y en la sociedad. Estos determina los resultados clave de la empresa (financieros y de futuro). La lectura inversa y su análisis (desde los resultados clave hasta el liderazgo) permite el aprendizaje y la definición de acciones de mejora (innovación).

La ventaja de esta aproximación es una visión más global de la organización y la utilización de un proceso de mejora prácticamente sin límites.

 

  1. LOS PROCESOS DE INNOVACIÓN Y SU GESTIÓN. EL MODELO DE INNOVACIÓN INTERACTIVO.

Innovación. Definición e implicaciones.

Dada la diversidad de interpretaciones que recibe actualmente el término “innovación”, conviene comenzar adoptando una definición del mismo. En la literatura científica se define generalmente la innovación como el resultado exitoso de hacer cosas nuevas y también hacer cosas viejas de nuevas maneras.

La primera conclusión de esta forma de ver la innovación es que se trata de un resultado. No es sólo cuestión de desarrollar nuevas ideas, estás han de ser llevadas a la práctica y además proporcionar resultados positivos para que se trate de una innovación. Un inventor no es necesariamente un innovador. De la misma manera, un innovador no es tampoco necesariamente un inventor; éste puede apoyarse en ideas de otros para innovar.

La segunda reflexión se refiere al ámbito de la innovación. Ésta puede involucrar productos, procesos, mercados o la propia forma de organizarse la empresa. Además, hay que tener en cuenta que para innovar no es necesaria una nueva tecnología, a pesar de que en la actualidad una buena parte de la innovación se basa en nuevas tecnologías (innovación tecnológica).

La tercera reflexión se refiere al impacto o extensión de la innovación. Aunque es difícil establecer fronteras, pero se suele utilizar los términos de innovación incremental a aquellas mejoras, generalmente pequeñas, que son el resultado de la experiencia y el aprendizaje que esta proporciona. Por el contrario, aquellas innovaciones que proceden de la emergencia y aplicación de una nueva tecnología se denominan radicales o de ruptura. Son, en general, el fruto de la creatividad combinado con la experiencia.

La reflexión final se refiere a la temporalidad de la innovación. No es lo mismo ser el primero en introducir una innovación en el mercado que ser el último en hacerlo. Los riesgos que se toman y las oportunidades de negocio de uno y otro son muy diferentes. Se considera que las empresas líderes, aquellas que son pioneras en la introducción de cambios tienen ventaja frente a la competencia, pero también asumen riesgos derivados de la incertidumbre y ambigüedades que manifiesta el mercado. De esta manera algunas empresas aceptan de forma consciente un papel de “seguidoras” en la temporalidad de la incorporación de ciertas innovaciones. Naturalmente éstas deben ser ágiles para no llegar demasiado tarde y perder el mercado. Ambas estrategias (líder o seguidor) requieren de perfiles y capacidades específicas.

 

Los procesos de innovación. El modelo interactivo.

Esta definición adoptada de innovación supone la existencia de estos tres factores:

1.Una base constituida de conocimientos tecnológicos y científicos.

2.Una necesidad económica y social.

3.Un agente intermediario que transforme los conocimientos en bienes y servicios destinados a satisfacer esa necesidad.

El primer factor es el que proporciona la oportunidad de la innovación, el segundo el éxito y el tercero el agente que lo realiza.

Respecto a la fuerza motriz para el cambio, existen tres grandes corrientes de pensamiento: Aquellos que consideran que es la tecnología -que actualmente deriva directamente del esfuerzo de investigación y desarrollo- quien promueve la innovación (Technology push). Otros autores consideran que es el mercado con sus nuevas demandas el que motiva el cambio (Market pull). Actualmente es más aceptado que ambas fuerzas, el mercado y la tecnología, proporcionan la energía para el cambio que representa la innovación. El modelo más conocido, desarrollado por Rosenberg y Klein, se denomina interactivo porque ambas fuerzas participan en el proceso de innovación, que comienza y acaba en el mercado y que utiliza en todas sus etapas la base de conocimientos existente. Esta base es enriquecida continuamente por las actividades de investigación que se realizan respondiendo a una necesidad (investigación orientada) o dirigida por la mera curiosidad por el conocimiento y su descubrimiento (experimentación). La figura 4 representa este modelo.

Hay que destacar que las actividades del modelo (señaladas por flechas) no necesariamente son realizadas por una sola empresa. El modelo describe un sistema en el que diferentes agentes u organizaciones pueden tener distintos papeles y actividades. En el caso de grandes empresas, es posible que una sola empresa realice todas o una gran parte de las actividades del proceso de innovación, pero en las PYME es un sistema el que fomenta la innovación. En él participan las empresas, las organizaciones empresariales, facilitando el flujo de información y conocimiento sectorial, los institutos tecnológicos, proporcionando nuevos conocimientos y tecnologías, la administración, facilitando la relación entre los agentes y también el sistema financiero aportando recursos económicos.

 

La gestión de la innovación. Los factores clave del éxito.

No cabe duda que la innovación es el resultado de un proceso complejo que involucra un buen número de agentes y conocimientos diversos y que afecta a todas las actividades de la empresa. La primer consecuencia es que el liderazgo de la dirección es el primer factor clave de su gestión. Al igual que sucede con la gestión de la calidad, al tratarse de un aspecto que involucra a toda la organización, su liderazgo no puede ser delegado.

El grado de respuesta que encuentre la dirección a sus esfuerzos para innovar depende de la cultura que impere en la empresa. Ésta es función de múltiples factores, pero uno de los más importantes es el derivado de la propia estructura de la empresa. Una organización orientada al control tiende a innovar basándose en la mejora de los parámetros de control y en consecuencia a producir innovaciones incrementales. Una organización orientada hacia el aprendizaje tiene mayores oportunidades para abordar innovaciones más radicales que involucren nuevas tecnologías o ruptura en las ideas.

Las innovaciones más radicales proceden actualmente del trabajo de equipos más que del de individuos. Grupos de gente con talento, y frecuentemente de diferente experiencia, en los que se cruzan diferentes conocimientos que bien orientados y motivados dan lugar a resultados innovadores.

Otro aspecto a considerar es la influencia del mercado. Cuanto mayor es la capacidad de cambiar de los clientes de una empresa, mayor es su motivación y facilidad para innovar.

En definitiva, observamos aspectos relacionados entre sí, ya que el entorno del mercado influye en la cultura de la organización, así como en su estructura y por lo tanto en el estilo de liderazgo que adopta el empresario.

El diseño del proceso innovador en sus diferentes ámbitos debe apoyarse en estos factores estableciendo una dedicación equilibrada entre las operaciones de producción y el proceso innovador. Las primeras proporcionan los recursos económicos para el segundo pero éste determina la competitividad futura de la empresa. En consecuencia, este delicado equilibrio en la dedicación de los recursos de la empresa es un aspecto crítico en las decisiones de la dirección. El problema radica en que la información de la que dispone el empresario es ambigua e incierta en numerosos aspectos. Una cuidadosa gestión de la información y el conocimiento experto permiten abordar este aspecto de la dirección con ciertas garantías de éxito.

 

  1. LA CULTURA DE LA CALIDAD Y EL ESPÍRITU INNOVADOR. APOYOS MUTUOS Y POTENCIALES CONFLICTOS.

En el ámbito de la empresa y también en la literatura científica existen dudas sobre si los sistemas de calidad apoyan o inhiben la innovación en las organizaciones. La polémica se basa en ocasiones en el propio concepto de innovación y de calidad que se utiliza. Por ejemplo, un concepto de calidad muy orientado hacia la conformidad con las especificaciones es indudable que no orienta a las organizaciones hacia la innovación, más allá de aquella que se deriva de la mejora en el logro de éstas. Un sistema de calidad muy orientado hacia la eliminación de actividades innecesarias promocionará innovaciones de proceso. Un sistema de calidad orientado hacia las necesidades del cliente puede promocionar innovación de producto de forma incremental, pero posiblemente no fomenta la innovación más radical que comporta riesgos y satisfacción de necesidades no manifiestas o desarrolladas.

En definitiva, se observa que efectivamente el sistema de calidad puede condicionar la cultura innovadora y su dinámica.

La pregunta que surge a continuación es ¿cuál debería ser el modelo de sistema de calidad adecuado para una empresa?. La respuesta es que depende del mercado y de la propia estrategia de la empresa. Analicémosla. La figura 5 describe el proceso de aprendizaje de una organización basado en su sistema de calidad. El proceso de planificar, hacer, evaluar y sistematizar proporciona experiencia y nuevas maneras de hacer las cosas, incluyendo la definición y el diseño de los productos o servicios de la empresa. Este proceso se apoya en el propio sistema de calidad, por ejemplo la ISO 9000.

La figura 6 describe cómo las organizaciones pueden progresar de forma óptima introduciendo tanto la mejora continua, y su innovación incremental asociada, como las innovaciones radicales cuando estas se producen. Esto supone disponer de lo que en la literatura se ha llamado en ocasiones una organización ambidextra, capaz de innovar en ambos modos. El diseño de este tipo de organización y su mantenimiento no es fácil, pero su éxito en el mercado está garantizado.

En esta figura es importante señalar que los resultados de una empresa no sólo están determinados por las actividades de mejora e innovación. Otros factores tanto endógenos como exógenos afectan a esos resultados y en consecuencia la evolución real puede ocultar o al menos matizar los beneficios que proporciona la innovación y la mejora. Además, se ha de considerar que existe generalmente una demora entre la actividad y sus resultados. Para complicar aún más la medición de resultados, hay que tener muy en cuenta que parte de estos son “intangibles”; por ejemplo un producto de buena calidad se traduce en una mejora de la imagen del proveedor cuya influencia en los resultados de la empresa es difícil de predecir tanto en el tiempo como en su cantidad.

Esta reflexión nos lleva a entender que los esfuerzos en mejora o en innovación crean en ocasiones frustración en los empresarios que, acostumbrados a una relación causa efecto inmediata y visible, no ven resultados tangibles. Esto hace que a veces la visión de un empresario hacia la calidad o la innovación se perciba como algo relacionado con la fe, cuando en realidad no es más que una buena apreciación de las leyes del mercado actual.

Una reflexión final se refiere, de nuevo, a la necesidad del empresario de armonizar las actividades propias de las operaciones de producción con las orientadas hacia la innovación y la mejora. En definitiva, su dedicación al presente y al futuro. Si dedica todos sus recursos al presente, estará hipotecando su futuro. Si dedica poco tiempo al presente, es posible que no tenga futuro. Este dilema es especialmente crítico en el arranque de la empresa. No existen reglas para resolverlo y solamente la experiencia e intuición del buen empresario proporciona la respuesta adecuada a cada situación y momento. Es éste, sin lugar a dudas, uno de los aspectos a los que el empresario tiene que prestar una especial atención y dedicación.

En definitiva, el empresario necesita desarrollar la organización, mediante el aprendizaje poniendo en marcha en su empresa un conjunto de actividades que se pueden agrupar en cuatro ámbitos:

Externo: La adquisición de conocimientos relativos al entorno, los clientes y los desarrollos tecnológicos.

Interno: La integración y aplicación de estos nuevos conocimientos en la organización.

Presente: La resolución de problemas de forma colaborativa, para mejorar de manera continua los procesos y productos.

Futuro: La experimentación, no guiada por la operativa diaria, que facilitará y fomentará la innovación.

Estas actividades requieren de competencias, que el empresario debe identificar y fomentar. Su adecuada aplicación en la realización de las actividades produce un efecto acumulativo que proporciona éxito a la organización.

La figura 7 recoge este modelo de gestión del conocimiento para la innovación propuesto por D. Leonard-Barton.


 

  1. BIBLIOGRAFÍA.

CALIDAD:

ISO 9000:2000 – Fundamentos y vocabulario. AENOR

ISO 9001:2000 – Requisitos. AENOR

ISO 9004:2000 – Directrices para la mejora del desempeño. AENOR

Introducción a la excelencia. E. F. Q. M.

Conceptos Fundamentales de la Excelencia. E. F. Q. M.

La gestión empresarial a través del modelo europeo de excelencia de la E. F. Q. M. J. Membrado. DÍAZ DE SANTOS.

 

INNOVACIÓN:

Tecnología e innovación en la empresa. Dirección y gestión. P. Escorsa y J. Valls. Ediciones UPC 1997.

La Innovación en la Práctica. Desarrollo de Nuevos Productos. J. M.Torrecilla. Editorial CISS, 2000.

Dentro de la caja negra: Tecnología y economía. N. Rosenberg. Hogar del Libro.

Manantiales de conocimiento. D. Leonard-Barton.

 

MANAGEMENT:

Qué es el management. J. Magretta. EMPRESA ACTIVA.

 

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